22/04/2009

50 -La unica alternativa

La única alternativa frente a este panorama patético, cruel en su enunciación e inobjetable en su contenido es la unión del Pueblo Argentino para una cruzada casi de la misma magnitud que la Revolución de Mayo de 1810, o aquella que nos constituyó en una Nación independiente en 1816. La revolución que se hace imprescindible es la revolución de la ética y de la Inteligencia. La bandera de esta revolución es la guerra santa y a muerte contra la corrupción. Un corrupto es un traidor a la patria y como tal debe ser juzgado. Un corrupto es un genocida y un asesino que por una paga y por ambición de poder compromete los destinos de millones de personas, condena implacablemente a muerte o a la miseria a miles de compatriotas y hace peligrar la existencia misma de la Nación Argentina. La pena que corresponde por estos crímenes la determinará quién corresponda en el momento que corresponda y cuando impere la ley. Sin embargo lo que hoy por hoy pide el pueblo es la pena de muerte. Si nos ponemos a pensar en la gravedad y magnitud del accionar de estos traidores, de las consecuencias terribles de su irresponsabilidad difícilmente logramos imaginar atenuantes. Algo cambia en la República Argentina y hoy por hoy ya no circulan ostentando su soberbia por los lugares públicos. Al menos comienzan a experimentar temor del monstruo que ellos mismos han creado. Sin embargo sin una organización del pueblo argentino todavía siguen firmes, atrincherados detrás de la “legitimidad” que los ampara en un absurdo donde pretenden continuar, donde quieren seguir depredando y robando hasta que no quede nada. Podrán hacer callar algunas cacerolas por un tiempo pero ¿hasta cuando?

La solución para que Argentina sea el país que tiene que ser pasa exclusivamente por desmantelar la corrupción. Para aniquilar de una vez y para siempre el sistema corrupto argentino y todos sus representantes hace falta una verdadera revolución en distintos niveles. No puede ser un proceso lento porque los tiempos ya no dan. A la Argentina la salvamos ahora o seguirá condenada hasta su desaparición. Aunque venga algún señor patilludo con cinco o cincuenta mil millones bajo el brazo y nos haga creer que todo marcha sobre ruedas. El cambio no admite negociación. Con el corrupto siempre se pierde, uno cede un dedo y pierde el brazo. La única alternativa es una revolución que extermine al sistema corrupto argentino. El tema es: ¿Quién puede llevar esto adelante semejante cruzada histórica, si no hay un liderazgo visible, si no hay una organización?. ¿Si cualquier motivo es bueno para que estemos divididos y sigamos sirviendo al sistema corrupto? ¿Si quienes buscan una reacción frente a la espantosa realidad argentina se ponen a discutir sobre los años 70, sobre los 80, sobre los 90, sobre el 2001, y no se dan cuenta de que si no se conviene una idea directriz que unifique los discursos nada podremos hacer para salir de éste pozo en que nos metieron y nos hemos dejado enterrar?